Ministerio Secretaría General de la Presidencia

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Gobierno de Chile

Debemos continuar el camino al desarrollo

 

Por: Cristián Larroulet V., Ministro Secretario General de la Presidencia.

Diario La Tercera

Las manifestaciones ciudadanas acontecidas en los últimos meses han tenido, cuando menos, un indudable efecto beneficioso. Ellas han servido para estimular la reflexión sobre las inquietudes de nuestra ciudadanía, sobre el mejor modo de abordarlas y, en último término, sobre el país que queremos y podemos construir.

En el último cuarto de siglo, gracias a los aciertos de varios gobiernos, el país registró significativos avances hacia la meta del desarrollo. Baste para ello con resaltar que en 1986 teníamos el ingreso promedio que hoy posee la India, mientras que ahora aquél equivale a las dos terceras partes del de los últimos países desarrollados. A la vez, según la encuesta CASEN, la proporción de la población nacional bajo la línea de la pobreza cayó del 45% en 1987 al 15% en 2009, progreso que, aunque todavía insuficiente, ha sido elogiado en el mundo entero.

En el contexto actual, sin embargo, destacados analistas han llegado a sugerir que nuestro camino al desarrollo puede estar llegando a su fin; que tal vez caigamos en la temida “trampa de los países de ingreso medio”, en los que las demandas redistributivas conducen a juegos de suma cero que ahogan el crecimiento y terminan por convertir al desarrollo en un elusivo espejismo. Ejemplos de ello tenemos de sobra y muy cerca nuestro. Venezuela es seguramente el caso más elocuente. En 1998 tenía el cuarto mayor ingreso promedio de América Latina; actualmente tiene el sexto y, según las previsiones del FMI, dentro de cinco años tendrá que contentarse con el décimo. Y todo ello, por cierto, con índices de pobreza persistentemente superiores a los de nuestro país y una desigualdad de ingresos tan sólo ligeramente inferior.

Seguir un camino semejante sería, sin duda, la mejor vía para acumular frustraciones todavía mayores y definitivamente no creo que marchemos hacia allá. Desde luego, el Gobierno actual está empeñado en destrabar los cuellos de botella que obstruyen nuestro camino al desarrollo por vías tales como facilitar el emprendimiento, estimular la innovación, incrementar la competitividad y transparencia de los mercados y asegurar energía abundante, barata y limpia para el futuro. Y esas medidas y las expectativas que generan han ido dando resultados. Así, se espera que este año nuestra economía crezca un 6,6%, su salto más importante desde 1997, mientras las últimas cifras nos hablan, aún en plena temporada invernal, de 114.000 desocupados menos que en el verano de 2010.

Eso no significa, por supuesto, que el país carezca de problemas. Sin duda la nuestra es una sociedad que tiene aún un déficit relevante de justicia, donde las oportunidades se distribuyen de un modo muy desigual y en la que aún se cometen  inaceptables abusos de poder. Pero todo eso se puede abordar perfectamente sin perder la senda del crecimiento. Eso significa incentivar el emprendimiento al mismo tiempo que se protege con más fuerza que nunca al consumidor, estimular la generación de empleo mientras se hace cumplir con rigor las leyes laborales, seguir reformando nuestra educación para convertirla en la gran palanca de movilidad social que necesitamos, y modificar nuestro sistema político para hacerlo más participativo.

El gran desafío de esta generación es convertir a la nuestra en una sociedad a la vez más próspera y justa, y para ello debemos esforzarnos, con altura de miras, por abrir espacios de diálogo que nos permitan alcanzar acuerdos amplios y responsables en beneficio de todos los chilenos.