Ministerio Secretaría General de la Presidencia

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Gobierno de Chile

Reformas políticas: profundas y coherentes

Por Cristián Larroulet V., Ministro Secretario General de la Presidencia.

Diario El Mercurio

Diversas personalidades han planteado en las últimas semanas la necesidad de que la agenda política impulsada por el Gobierno constituya un conjunto coherente de medidas para perfeccionar y profundizar nuestra democracia, que calcen perfectamente entre sí cual piezas de un rompecabezas, en vez de correctivos aislados que impidan avanzar con el ritmo y la profundidad que nuestra democracia necesita.

Afortunadamente ese ha sido el ánimo que ha inspirado al Gobierno desde el momento de la elaboración de su programa. Esa mirada global e integrada se da, de hecho, en un plano aún más amplio, pues todas las acciones emprendidas por el Gobierno del Presidente Sebastián Piñera responden a una convicción fundamental. Ella es que lograr el desarrollo y construir la sociedad de oportunidades para todos a la que aspiramos requiere avanzar simultáneamente hacia tres objetivos: instituciones sólidas y respetadas, una economía dinámica y creativa, y superar la pobreza para que Chile sea un país más justo.

En lo que respecta específicamente a nuestras instituciones políticas, ellas precisan volverse más participativas y transparentes para, de ese modo, volver a ser percibidas ampliamente por los chilenos como el cauce apropiado para canalizar sus demandas y propuestas de bien común y plasmarlas, luego de un proceso de deliberación pública, en normas reconocidas y obligatorias para todos.

Por ello buscamos, en primer lugar, mejorar y ampliar los canales de participación actualmente existentes. Para eso hemos presentado al Congreso proyectos de ley dirigidos a crear un sistema de inscripción electoral automática, a permitir la votación de los chilenos que mantienen vínculos con nuestro país desde el extranjero y a facilitar y abaratar la celebración de plebiscitos comunales.

Enseguida, también procuramos la creación de nuevos canales de participación, con medidas como la realización de primarias para la selección de candidatos a cargos de elección popular y la elección directa de los Consejeros Regionales.

Y también nos hemos esforzado por incrementar la transparencia del sector público, ámbito en que destaca especialmente el proyecto de ley sobre probidad pública, que entregará por primera vez herramientas adecuadas para prevenir y evitar los conflictos de interés de quienes ejercen cargos en el Estado. Del mismo modo, perfeccionaremos la ley de transparencia y acceso a la información pública.

A ello se añade todavía una propuesta de una nueva ley de partidos políticos, que será enviada al Congreso en lo que queda del presente año, y que tendrá el propósito de hacerlos tanto más participativos como más trasparentes, de modo de contribuir a conseguir así una mayor proximidad y confianza de parte de los ciudadanos.

Si esa agenda amplia y plenamente coherente da lugar efectivamente a las reformas legales que buscamos, nuestra democracia será al cabo de un par de años mucho mejor de lo que es ahora. Los chilenos tendrán más facilidades para votar, podrán hacerlo con más frecuencia, podrán tomar parte en decisiones en las que hoy no están llamados a pronunciarse y tendrán más información sobre el funcionamiento del Estado y el comportamiento de quienes trabajan para él. En suma, sus ojos podrán ver más y su voz será más escuchada.

Ahora bien, muchos piensan que estas reformas no estarán completas si no modificamos el sistema a través del cual elegimos a nuestros diputados y senadores. El Gobierno está ciertamente abierto a ese debate. Pero es preciso reconocer que ese es un ámbito donde las posiciones son aún muy dispares y donde un acuerdo amplio -que en una materia así es indispensable- se ve más difícil de alcanzar. Continuaremos buscando esos consensos y, en el intertanto, lo responsable, por lo mismo, es avanzar con la mayor rapidez posible en aquellos puntos donde los consensos están al alcance de la mano. Si hacemos eso, estaremos dando un paso muy importante para devolver a nuestra democracia la vitalidad con que la reinauguramos hace más de dos décadas y acercándonos a uno de los objetivos clave para alcanzar la ansiada meta del desarrollo.